En Cambio Radical, el desespero electoral huele a pólvora rancia. El 2026 está a la vuelta de la esquina, y mientras Germán Vargas se repliega en sus silencios por salud, tres figuras se disputan una curul: Carlos Abraham Jiménez, Carlos Fernando Motoa y Carlos Hernán Rodríguez Naranjo. El ambiente no podría ser más tenso. Y entre los tres, solo uno parece estar leyendo bien el tablero.
Carlos Abraham Jiménez: del rey de la baraja al comodín descartable
Quien alguna vez fue un “gran elector” del partido en el Congreso, hoy parece un general sin tropas. Carlos Abraham Jiménez no solo perdió poder, perdió estructura, operadores y algo más grave: relevancia. Su reciente ruptura con Carlos Hernán Rodríguez fue la estocada final que lo dejó políticamente aislado, sin puentes ni interlocutores de peso. Su base —que en otros tiempos se contaba por municipios enteros— hoy es una colección dispersa de lealtades desmotivadas. Jiménez enfrenta el ciclo más crítico de su carrera política. Diezmado, desdibujado y, para muchos en su propio partido, irrelevante.
Carlos Fernando Motoa: en Antioquia… a tientas y con la escoba ajena
Motoa, por su parte, sigue siendo un sobreviviente, aunque no precisamente un protagonista. Después del escándalo de “Las marionetas 2”, su capital político quedó maltrecho. Ha intentado recomponer, y lo está intentando donde menos lo esperaban: en Antioquia, de la mano de Nataly Vélez, la exconcejal del Centro Democrático que salió del Concejo de Medellín con más ruido que votos, por ser una de las cuotas de Daniel Quintero en la bancada uribista.
La jugada de Motoa huele a desesperación. Una alianza con Vélez- quién podría tener una inhabilidad-, y mientras tanto, su estrategia luce errática, sin dirección clara. Está dando palos de ciego en una plaza que no domina, y que lo mira con más desconfianza que entusiasmo. ¿Les funcionará? Difícil. En política, cuando uno se junta con el polvo, también lo barren.
Carlos Hernán Rodríguez Naranjo: no grita, pero avanza
Para sorpresa de muchos, el que se mueve en silencio es el que más avanza. Carlos Hernán Rodríguez Naranjo no da titulares, pero está haciendo algo mucho más importante: está construyendo.
Con un estilo más reservado, Rodríguez se ha dedicado a consolidar respaldos en el suroccidente, su feudo natural, y en regiones del interior del país donde la marca Cambio Radical aún respira con oxígeno local. Lo que está armando no solo es una estructura de contrapeso a la Sultana del Valle, Dilian Francisca Toro, sino un equipo político más amplio.
Tres Carlos, una curul
La pelea de los “Carlos” es la radiografía perfecta de lo que es hoy Cambio Radical: una marca sin brújula nacional, pero con microestructuras que todavía dan pelea. Incluso en ese caos, las apuestas claras comienzan a perfilarse. Jiménez se desangra en sus propias fracturas. Motoa juega en plazas ajenas con alianzas que pueden implosionar en cualquier momento. Y Rodríguez —sin aspavientos— es quien realmente está trabajando el Senado. Solo uno llegará fuerte. Y parece que no será el que más grite.

