Correo News pudo conocer que el expresidente Álvaro Uribe Vélez ha iniciado contactos directos con Juan Carlos Saldarriaga, exalcalde de Soacha y uno de los grandes electores del departamento de Cundinamarca. Esta movida se dio justo después de que el movimiento político En Marcha, liderado por Juan Fernando Cristo, perdiera su personería jurídica, dejando a varios actores regionales en busca de nuevo acomodo político.
La jugada de Uribe es quirúrgica y estratégica: asegurar el respaldo de Saldarriaga para fortalecer la lista del Centro Democrático en Cundinamarca, con el objetivo mínimo de garantizar dos curules en la Asamblea Departamental. Saldarriaga, con una estructura política robusta y una narrativa lista para campaña, representa un activo electoral de alto valor. Su llegada podría reconfigurar el mapa político regional.
Sin embargo, esta maniobra ha encendido alarmas dentro del Centro Democrático. Fuentes cercanas a la colectividad señalan que Nancy Patricia Gutiérrez, exministra y figura clave del uribismo en Cundinamarca, podría resistirse a la inclusión de Saldarriaga en la lista territorial. La pregunta que ronda los pasillos políticos es si Gutiérrez “se va a tragar ese sapo” y aceptar una fórmula que podría alterar los equilibrios internos del partido.
La eventual llegada de Saldarriaga también pone en jaque a otros aspirantes, como Orlando Clavijo, cuyo valor electoral comienza a depreciarse ante la sola posibilidad de competir con una maquinaria tan aceitada. La puja por la arquitectura de la lista se intensifica, y los rumores corren más rápido que los comunicados oficiales.
Este movimiento ocurre en medio de una coyuntura nacional compleja para Álvaro Uribe. El expresidente fue recientemente condenado en primera instancia a 12 años de prisión domiciliaria por los delitos de fraude procesal y soborno. En respuesta, el Centro Democrático convocó a masivas movilizaciones en su respaldo el pasado 7 de agosto, con marchas en más de 20 departamentos del país2. La colectividad ha reafirmado su apoyo a Uribe, posicionándolo como un líder “inocente” y víctima de persecución judicial.
Este respaldo nacional podría estar sirviendo como plataforma para reactivar alianzas regionales, como la que se estaría gestando con Saldarriaga. En este contexto, Cundinamarca se convierte en un tablero clave para el uribismo, donde cada movimiento tiene implicaciones para las elecciones de 2026.
La pregunta de fondo sigue siendo quién tiene el control político del departamento. ¿Será Uribe, con su capacidad de movilización y alianzas quirúrgicas? ¿O figuras como Gutiérrez y Clavijo lograrán mantener su influencia frente a la irrupción de nuevos actores? Por ahora, los teléfonos están calientes, los rumores corren sin freno, y el escenario está “para alquilar balcón”.

