La noche del 21 de octubre quedará marcada como un giro inesperado en la historia judicial del país. El Tribunal Superior de Bogotá absolvió al expresidente Álvaro Uribe Vélez de todos los cargos por los que había sido condenado en primera instancia, incluyendo soborno a testigos y fraude procesal. La decisión, tomada por una sala de tres magistrados, dejó sin efectos la sentencia de 12 años de prisión domiciliaria que pesaba sobre el líder del uribismo desde agosto.
El fallo cayó como un terremoto en el escenario político. Uribe, quien había sido el primer expresidente colombiano condenado penalmente en más de medio siglo, recuperó su libertad tras casi tres meses de tensión jurídica. El tribunal argumentó que las interceptaciones telefónicas que sustentaban la acusación fueron ilegales y que se vulneraron sus derechos fundamentales. “El radicado cursaba contra Nilton Córdoba, no contra Uribe”, señalaron los magistrados, declarando nula la prueba clave del proceso.
La absolución no solo sacude los cimientos del sistema judicial, sino que reconfigura el tablero político. Uribe vuelve al ruedo con fuerza, mientras sus detractores anuncian que acudirán a la Corte Suprema de Justicia para intentar revertir el fallo. Las víctimas del caso, que se remonta a más de una década y gira en torno a presuntos vínculos con el paramilitarismo, aseguran que no se rendirán.
El caso comenzó cuando Uribe denunció al congresista Iván Cepeda por supuestamente manipular a exparamilitares para testificar en su contra. Lo que siguió fue una batalla judicial de más de 13 años, con giros, filtraciones, escándalos y una condena que parecía definitiva. Pero el fallo de anoche lo cambió todo.
Mientras tanto, el uribismo celebra. Voceros del Centro Democrático calificaron la decisión como “una reivindicación histórica” y aseguran que Uribe está listo para retomar su papel como líder político. En redes sociales, sus seguidores estallaron en mensajes de apoyo, mientras sus críticos cuestionan la independencia de la justicia

