La misa fúnebre por el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, asesinado en un atentado sicarial el pasado 7 de junio, estuvo marcada por momentos de tensión, gestos simbólicos y expresiones de indignación ciudadana que rompieron con el protocolo solemne del acto.
Correo News pudo confirmar que una delegación de alto nivel de Estados Unidos —compuesta por congresistas, empresarios y miembros de la misión diplomática— se encontró con las puertas cerradas al llegar a la catedral privada de Bogotá. El aforo estaba al límite y los guardias de seguridad bloquearon el acceso, generando confusión y malestar entre los visitantes internacionales.
Ante la situación, un grupo de líderes colombianos presentes en el recinto improvisó una cadena humana para abrir paso y permitir el ingreso de los representantes norteamericanos. El gesto, cargado de simbolismo, contrastó con el ambiente de tensión que se vivía tanto dentro como fuera del templo.
La ceremonia, que transcurrió en medio de la solemnidad esperada para una figura pública de alto perfil, vivió un momento inesperado al finalizar. Al salir del recinto, un grupo de asistentes comenzó a corear el nombre del presidente Gustavo Petro seguido de la palabra “asesino”. El cántico se extendió por la calle, generando incomodidad entre los presentes. Miembros de la familia Turbay intervinieron de inmediato, pidiendo calma y respeto, tal como lo habían hecho minutos antes dentro de la catedral.
El adiós a Miguel Uribe Turbay dejó estampas que mezclan diplomacia frustrada, duelo colectivo y una ciudadanía que, en medio del dolor, expresó su indignación. Lo que debía ser una despedida solemne se convirtió en un reflejo del clima político que atraviesa el país.

