El nuevo escándalo en el gobierno nacional, relacionado con el hermano menor de Laura Sarabia, debe encender las alarmas de todos los colombianos. Es evidente y preocupante el nivel de deshonestidad al que se está llegando en el denominado “gobierno del cambio”. Se volvió constante un escándalo mensual alrededor de una mentira, un dato impreciso y un nuevo indicio de corrupción. Pero la repetición no puede volverse paisaje.
Pasé muchos años alrededor de emprendedores e investigadores los cuales, con grandes ideas, alto endeudamiento, disciplina y tenacidad, veían como a pesar de todo, la gran mayoría conseguía salir adelante y sostener su negocio, pero no escalar su modelo de negocio. Para más señas, no creo en todos estos años haber conocido más de tres o cuatro que en menos de 5 años llegaran a tener patrimonios. de $10.000 millones.
Resulta entonces, por lo menos, llamativo ver que el hermano menor de Laura Sarabia, un joven de 25 años, que hasta hace un par de años era asesor del Congreso de la República, con un salario de $5 millones de pesos mensuales, contar, de la noche a la mañana, al parecer con un patrimonio de $10.000 millones de pesos. Es inusual y sospechoso que diga haberlo alcanzado gracias a una firma de asesoría, que entre otras cosas no es el gran emprendimiento. O sí lo es puede ser gracias a los contactos de su hermana.
Lograr algo de tal magnitud, implicaría, para cualquier emprendedor, tener una facturación espectacular basada en crecimientos exponenciales. La pregunta que nos hacemos todos es, qué tan innovador y disruptivo tiene ese negocio de consultoría que logra esos niveles de ingresos y rentabilidades, tal vez por encima de cualquier firma consultora de primer nivel y con una larga trayectoria.
Sería interesante conocer quiénes son sus clientes y qué servicio se prestó en los últimos años. Esto me hace insistir en una reflexión: necesitamos gente con mística en la política. Ojalá, nuevas generaciones, políticos con propósitos superiores, con verdaderas intenciones de servir a la gente y a su país. Pero por desgracia, parece que no aprendiéramos de los Moreno Rojas, de las innumerables denuncias en la anterior Alcaldía de Medellín, de los Esneyder Pinilla y Olmedo López o de escándalos como el proceso 8000. Por no decirlo peor, pero es miserable lo que han hecho.
La situación actual y lo vivido en algunos momentos invita a reforzar lo que, para muchos son materias de relleno en los colegio y universidades: ética y valores. La importancia del servicio público es crucial, necesitamos que quienes lleguen a él, entiendan que sus recursos son sagrados. No todo es dinero en la vida, el esfuerzo es importante y, al final, lo que importa es el legado de inspiración para lograr transformaciones en la sociedad. Seamos contundentes rechazando actos inmorales y exijamos a los entes de control resultados, de lo contrario serán juzgados moralmente por su complicidad.
Por: Juan Camilo Quintero
Columna de opinión tomada de: El Colombiano.

