Hoy se amarra el primer aval presidencial de Juan Carlos Pinzón, y no es un aval cualquiera. El Partido Verde Oxígeno, la colectividad que nació alrededor de Íngrid Betancourt y que mantiene personería jurídica vigente ante el Consejo Nacional Electoral desde su restitución en 2021, está listo para entregarle el sello político con el que Pinzón salta formalmente a la contienda. Verde Oxígeno dejó de ser visto solo como “el partido de Íngrid” y hoy opera como punto de encuentro de la reserva militar y policial del país. Es decir: la sigla se volvió la casa política de los retirados de la Fuerza Pública. Ese bloque, que no es menor y no es decorativo, decidió jugar con Pinzón.
Lo que se está consolidando alrededor de Verde Oxígeno es hoy es el partido de los que “ya defendieron el país con uniforme, y ahora quieren que alguien defienda al país del desgobierno interno y del aislamiento externo”. Esa lectura, que hace un año habría parecido grandilocuente, hoy es una realidad: redes de veteranos, suboficiales retirados, asociaciones de reservistas que llevan meses buscando una cara que no sea un político tradicional quemado, que pueda hablar de seguridad sin pedir permiso y que tenga puerta en Washington.
Para entender por qué la reserva cerró filas ahí, hay que mirar la hoja de servicio. Pinzón fue el Ministro de Defensa civil que más tiempo sostuvo el control real de la fuerza pública en la última década: septiembre de 2011 hasta mediados de 2015. Bajo su mando se ejecutaron las ofensivas más quirúrgicas contra cabecillas de las FARC, del ELN y del crimen organizado en ese periodo, se consolidaron fuerzas de tarea, y se devolvió a los comandantes la instrucción de operar. Eso, en el mundo castrense, pesa más que cien discursos. Ahí está el activo: lo reconocen como civil, pero como civil de línea dura y como “uno de los nuestros”.
Pero la ficha de Pinzón para este momento no es solo guerra interna; es una verdadera guerra diplomática. Mientras la relación bilateral con Washington se está incendiando y ese es hoy el mayor miedo del empresariado y de los alcaldes que viven de esa plata de la cooperación para seguridad local. Con la agenda en Estados Unidos de la semana pasada, Pinzón demostró que sabe hablar con la Casa Blanca y con el Pentágono cuando Colombia está en la línea de fuego. Eso hoy se volvió argumento electoral, casi un salvoconducto, pues en los pasillos de las representaciones de Colombia en Washington se afirma que lo de la lista Clinton para Petro y su familia su “el mejor remedio”que puedo lograr Pinzón para que no pusieran aranceles a los empresarios colombianos.
Lo que viene con el aval de Verde Oxígeno es más un instrumento político de un bloque que está cansado de lo que llaman “la horrible noche”: desmoralización de la Fuerza Pública, un territorio abierto al crimen y una diplomacia que hoy ya le está costando al país amenazas de sanciones, aranceles y congelamiento de cooperación estratégica.
Con la Asamblea General de Verde Oxígeno, Pinzón sale con un mandato. Mandato de la reserva militar, mandato de los que pusieron el cuerpo y sienten que el Estado actual los trató como estorbo; mandato de los que creen que Colombia perdió respeto afuera porque Petro convirtió la relación con Estados Unidos en una pelea personal y terminó llevándose por delante al país entero. Verde Oxígeno resulto ser el vehículo explícito de la seguridad nacional como causa electoral. Con esto, la conversación deja de ser “quién quiere el poder” y empieza a ser “quién puede evitar que Colombia quede aislada afuera y sin autoridad adentro”.

