El Presupuesto General de la Nación para el presente año ha generado un debate creciente sobre la asignación de recursos y su destino, dejando en el aire la viabilidad de numerosos proyectos de infraestructura en Colombia.
La Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI) ha expresado su preocupación por los pagos de vigencias futuras, una suma considerable de recursos comprometidos a largo plazo cuya destinación aún no ha sido claramente especificada por el Gobierno Nacional.
De los $502 billones aprobados en el Presupuesto, $16,7 billones están asignados al sector Transporte. Sin embargo, la CCI señala que de esta cifra, $13,6 billones fueron destinados a proyectos concesionados y de obra pública, una partida cuya desagregación detallada aún no se ha realizado.
Juan Martín Caicedo, presidente de la CCI, ha expresado su preocupación por el posible impacto de no honrar estos compromisos, señalando que ello podría afectar la seguridad jurídica y la confianza inversionista en el país, fundamentales para el desarrollo económico.
La controversia se intensificó luego de que el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, revelara que el presidente Gustavo Petro solicitó reconsiderar el destino de los recursos del Presupuesto en función del estado de avance de los proyectos. Esta incertidumbre ha generado inquietud entre diversos actores del sector, que ven en riesgo la ejecución de obras cruciales como el Metro de Bogotá y la vía Mulaló – Loboguerrero.
Además de estas obras, la CCI ha identificado otros 55 proyectos de importancia estratégica nacional que podrían estar en vilo, entre ellos el túnel de La Línea y la doble calzada de Pasto – Popayán.
La falta de claridad en la regulación y la no liquidación del presupuesto también han generado pérdidas de empleos en el sector, con cerca de 1.000 contratistas de prestación de servicios en la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) y el Instituto Nacional de Vías (Invias) sin empleo desde diciembre pasado.
Es crucial que el Gobierno Nacional brinde transparencia y claridad en la destinación de los recursos del Presupuesto, garantizando la ejecución efectiva de los proyectos de infraestructura planificados y el cumplimiento de los compromisos adquiridos. La confianza inversionista y la seguridad jurídica son pilares fundamentales para el desarrollo económico del país, y su preservación debe ser una prioridad en la gestión de los recursos públicos.

