Las elecciones seccionales del 29 de noviembre medirán la capacidad de ADN para consolidar su presencia territorial y del correísmo para conservar espacios clave de poder.
Ecuador se prepara para una nueva jornada electoral. El próximo 29 de noviembre de 2026, los ciudadanos elegirán prefectos, alcaldes, concejales y vocales de juntas parroquiales. Aunque se trata de elecciones locales, sus resultados tendrán una lectura nacional.
Para Daniel Noboa y Acción Democrática Nacional (ADN), estos comicios serán la primera gran prueba electoral después de la reelección del presidente. El oficialismo buscará demostrar que el respaldo conseguido a nivel nacional puede convertirse también en una estructura política con presencia en ciudades y provincias.
El cierre de inscripciones dejó 53.534 candidaturas para las distintas dignidades. Sin embargo, la cifra todavía no representa el número definitivo de candidatos habilitados: el proceso de calificación continúa y, hasta el 22 de agosto, apenas 540 candidaturas habían sido calificadas.
Uno de los principales focos estará en Quito, donde el alcalde Pabel Muñoz buscará la reelección. La capital tendrá una competencia fragmentada, con varias organizaciones y candidatos disputando el control de la ciudad.
Para el correísmo, la elección llega después de un complejo proceso para mantener su presencia electoral. La suspensión de Revolución Ciudadana y las dificultades con el movimiento Amigo obligaron a sus dirigentes a buscar alianzas y otras organizaciones para participar.
La situación continúa generando disputas. Este 25 de agosto, por ejemplo, Luisa González enfrenta una objeción a su candidatura para la Prefectura de Manabí, que anunció que apelará.
Más allá de las grandes fuerzas nacionales, los liderazgos locales, movimientos regionales y alianzas tendrán un papel decisivo. En este tipo de elecciones, la política territorial puede pesar tanto como la popularidad del Gobierno o de los partidos nacionales.
Por eso, el 29 de noviembre será más que una elección de alcaldes y prefectos.
Para Noboa, será la oportunidad de demostrar que ADN puede convertirse en una fuerza política con presencia territorial. Para el correísmo, será una prueba de resistencia y de capacidad para conservar espacios de poder.
El resultado comenzará a dibujar el nuevo mapa político de Ecuador y permitirá medir qué tan lejos llega el poder de Daniel Noboa más allá de la Presidencia.

